domingo, 20 de febrero de 2011

Trabajo práctico

Ninguno se atrevió a decir de cuál de los Karamasov se trataba. Lo suponemos. La suposición: la nuestra; era alarmante. Anticipado siempre con su típico campanazo, llegaba el muy piyo. Su posición: la de siempre, por favor, la silla roja de la derecha. Hecha siempre como en todo lupanar, de paja, de mucha paja, y de algo que aún nos cuesta dilucidar. Pero el tipo, suponemos febrilmente, el tipo con sus ademanes adulterados por el alcohol y la cal con que hizo mezcla para revoque; no dejaba nunca de agradecerle. El piyo, a esa altura del partido le chupaba la concha a la Laurita, previo gatillado de los $120 mangos previstos en los incisos pertinentes. Eso le reportaban unos minutos adicionales con su diva rota. Importaba poco si la concha de la Laurita bien podía...

En fin, el piyo le hablaba de amor, de fugarse vaya a saber de qué fantasma con la boca llena de estertores que emigraban de esa concha excepcional. La Laurita, bien entendida en estos asuntos del corazón hinchado, le propuso una única salida-de paso recordaba su despertar amoroso con la verga de su padrastro a mano una mañana como pocas ella puede recordar; ese mismo día emprendía su infatigable afán por protituirse sinónimo de odiarse por ser mujer y apetecible a los quince. El tipo no tuvo otra que aceptar, el tiempo para él sabía.

En definitiva, un pelotudo olímpico, metía la geta prácticamente en el pingo de todos los borrachos (su deposición según versan las malas lenguas, fue siempre ésta, no, no, esta: pocos pueden garpar lo que yo garpo, giles). O sea, para el piyo, era cuestión de números más, números menos. La Laurita, risa de por medio, se torcía de placer con la lengua del tipo que le pagaba para chuparle la concha. Habían quedado atrás-de la noche-los borrachos que se duermen antes de ponerla o que se van al toque; no, con este tipo todo era puro pla/ser: y una verdadera diva no puede retirarse sin un esclavo de este calibre a su merced. Digamos la verdad, la Laurita se babeaba cuando veía llegar al piyo, pero sabía esperar, era especialista en el arte de amasar jugos y carne. Pero esta vez amasaría sus propios jugos y sus propias carnes. Y dejando transcurrir el tiempo-la noche-la Laurita comenzó a preguntarse, y ya sabemos qué pasa cuando una mujer como la Laurita se pregunta ¿Acaso este tipo nunca la va a hundir? Se interrogaba. No se lo voy a permitir, se respondió tan veloz que le corrió la geta al piyo del trabajo práctico para que le respondiera.

-si no me la metés y la sacás lentamente como lo hacía mi padrastro, no vas a ver nunca más esta concha hermosa que tanto te gusta.

-pero...pero

El piyo ensayó una queja pero cerró el pico y comenzó a percibir un olor rancio del que se suele percibir en etapas avanzadas de la descomposición de cualquier cosa ¿Acaso la lengua no es el opio de los pueblos? Tal vez, la lengua ha perdido su sentido afrodisíaco ¿quién osaría renunciar a una lengua amorosa? Me pregunto ahora mientras escribo. La literatura que consulté no habla de esas encrucijadas de la noche y los lupanares. Al Martín Fiero, manual al que suelo recurrir cuando me desoriento, se le escapó un consejo para esas impericias de los hombres enamorados. La negligencia marcha a paso firme o somos nosotros los que nos obstinamos en pretender que todo fue un error.

***

miércoles, 16 de febrero de 2011

La música y su nacimiento


En definitiva: nada. 
Absolutamente nada, y podría ser menos. 


El último párrafo que bien podría reivindicarlo como mío (ya que nadie lo reclamó) habla de lo mismo. De nada. Por jactancia o por gusto la nada y sus aventuras-y desventuras. La pieza sigue siendo un terrible asesino, ni las hermosas mañanas, ni el desocupación logran ahuyentarlo. Despierta con ganas siempre de matar. La nada lo seduce pero sólo por cuestiones estéticas, ya que la nada precisa divertirse con lugares comunes como en las novelas del colombiano ese. Quiero decir que no pienso hablar de la receta que es secreta y que todos conocen; me cago en lo que tenga que decir si es que hay algo que valga la pena: para eso están los panfletos. Vale la pena aclarar por si acaso surge en el siguiente párrafo la gorda puta que me la chupa cuando se le antoja. Anoche llegó reclamando su 14 de febrero vestidita con encajes y perfumada con una fragancia indescriptible similar al sudor de una virgen. Fue mía mientras extraía la poca sangre que había en mi cabeza.


Aclaro: sólo un milagro la hubiese retirado de esa pradera en la que adelgazaba la inocente. Pero todo eso es una infamia que fue borrada-no desaparecida-por una ráfaga de televisión. Luego, la nada ahuecando el ala al centro de la mesa. Distinto de pensar que sólo escribo pelotudeces, últimamente. La nada recrudece, y yo contabilizo:
¿Podría ser menos?, claro Rosario, podría ser más también, ¿lo pensaste?, seguro que si, por eso devolvés mis palomas mensajeras. 


Escribo, luego pienso, y mientras lo hago comienzo a ver que tuve la estúpida esperanza excedida de dopamina de que me calmes el corazón no sólo arrancándomelo como bien sabés hacerlo hasta el día de la fecha; incluso, un poco de imaginación. La nada se hizo clara y nos cantó su leve canción. Y ahora estoy escribiendo. La nada pasó del centro de la mesa a mi estómago entorpecida. 


Hace un momento fue lindo. Me cortaba las uñas de los pies y luego era. La punta de los dedos perfectamente relucientes hablaban por sí mismos. La vida estaba de vuelta, ¡qué placer! Y yo que minutos antes estaba preocupado por la paz en el mundo, también por la guerra que va adecuando sus formas a las nuestras: Beleave me, angel, i love you more than life. Naturalmente todo esto es alusivo. El sonido y el silencio son perfectamente cómplices y juegan al arroz con leche en la con posición. Estas son las vidurrias de la antigua canción, su ritmo evoca un sentido que se halla en otra parte. Un buscar detrás del humo del cigarro que está afuera del bar por ley. No importa si descubrimos que el toxicómano es el mismo asesino de la pieza, la ley es para todos. Menos para el dueño del bar que ya piensa en mejorar sus ganancias alentándonos a la consumación. Mundo cruel, este el pos-moderno decía mi vecino (ex) muerto y todo. Pero como buen equivocado, basta con ver a otro tomar el camino adecuado: la nada, confundida a esta altura del relato pide una mayor participación.
-Salvarme, de eso se trata.
-Por algo usted no se ha suicidado, señor salvación.
-Es que la escritura, doctor, la escritura y todo eso de la muerta me tiene la cabeza en boca de la gorda puta que corre por la pradera.
Ir tirando. Aunque no hablo de lo que realmente tengo que hablar. De ese lugar invisible que se muestra cauteloso hasta cuando me tortura. La gorda puta es su fantoche predilecto no la culpo.There is a place on the sun for anyone do has the will, yes i do beleave...tirar hasta que surja lo impensado, quiero decir, el poema o la canción.

sábado, 12 de febrero de 2011

Errante seguro

Atrás quedaban las constantes demandas de besos, de ahora en más, arrancarle los ojos para ver qué de extraordinario se escondía en ella, persistiendo. Naturalmente, la ingeniosa prosperidad de la novedad se funda en que una desconocida es la suma de todas las conocidas; salvo-y esta excepción pertenece a una consideración meramente temporal-la que llega a destiempo. Tarde, esta memorable excepción, hace sucumbir la matemática amorosa sobre la sorpresa. Atravesar a pie un bosque oscuro en busca de restos para explicarlo todo forma parte de esta índole. La belleza avanza en este desorden. La mujer amada, retaceada debidamente detrás de sus ojos-también en el tabique del tiempo-constituye el andar errático del amante más bien perdido en un posible hallazgo. Evocar una hazaña, una pregunta sobre el despertar de un enigma, avienta por los aires la necesidad que aspira por ver detrás, por quitarle los ojos que no son ojos, más bien, lo son en la medida de intuir la expresión desvencijada de la crueldad, de promesa de sol trinante, de sonrisas grandilocuentes. En estos ojos tardíos, que son los ojos de Rosario, disimulantes, a la vez que irresolutos, se atalaya la inusitada permanencia de la producción del verdadero encuentro. El bosque y la oscuridad, y la mujer desnuda (deseo incluso de André Bretón) son el escenario propicio para inocular cantidades de tiempo-anacrónico. Condición insuperable, los ojos de Rosario llegaron tarde, era lo que esperaba años atrás, como diez, quizá. Pero su arribo a destiempo abunda en festividad curiosa y temblorosa. Ver detrás de sus ojos oscuros es explicar el baño de sangre que significa su agasajo innecesario, perfilada poco a poco, en indiscutible necesidad. La carencia propuesta por esta sorpresa todavía es próspera en belleza. Ir, errar en el bosque ya nadie puede pensarlo una actividad ociosa, menos el oficio perenne que lo relativiza todo: atrás, muy atrás quedaron las comparaciones y las máscaras de los carnavales. De los ojos de Rosario, nada se puede esperar, lo extraordinario que ha ocurrido, si es que hay alguna certidumbre (o conjetura) flota en las aguas trasparentes de un mar desconocido, indestructiblemente interrogante, desafiante.

jueves, 10 de febrero de 2011

Educación sentimental


A río revuelto ganancia de pescadores.


-Al final se terminaron los cucarachas, rachas.
-Ni pensar que tenga que ver con la máquina de picar carne apergaminada psicoanálisis, sis.
-¡Por mil Kafkas retorciéndose en los gusanos de la noche, che!
-Seguro que tu madre es repostera, era.
-Y tu padre, funebrero y orador del Kamasutra, y campeón, peón.
-A mi me gusta eso que el público aplaude llamándolo ombligo, higo.
-Mucho menos que antes te quiero.
Dedo índice seña lala imperiosa retintineando:
-Eco, eco, falta el eco.
-La culpa es de Cicerón, historiador de lo vencedores, ores.
-Venga a nosotros tu eco, eco.
-Eres el poeto sin eco, ni la Pizarnik te salva, va.
-¡Me cago en los rulemanes de Cristóbal Colón, lón!
-Poeto sin eco ¿por qué gusta te tanto la vidurria, cabezón, són?
-Ahora comprendo, voy a adolerme al son del dolor estipulado, hado. El poeto resuelto en llamas del viva la pepa.
-Ahora me miro al espejo, las habas del misterio son ahora un quehacer placentero, tero.
-¡Oiga, qué mi plata no vale! Medio Olmedo sin que lo llamen.
-¿Quién tedio vela en este entierro, hierro?
Consejero del FMI dijose:
-Que el pato lo pague la clase cuerda floja de la mano con la clase ardorosa, osa.
-¡La concha de tu madre, yo no soy ningún Karamasov, parásito, cito!
También del Club de París opinaronse repartiendo anticonceptivos:
-Tu plata vale pero al dos por ciento del valor nominal, Cagate por malo en matemáticas.
-Momento, momento.
-Alto taquito.
-Paren ahí.
-Yo creía, lo demás es historia, lisa y llana historia, a mi cuenta van los canapés agridulces y la mudez hija de puta de mis malas películas.
-¿Alguien conoce las señas de eco?
-Escribite un aviso clasificado que diga, la eficacia dependerá del dos por ciento a tu favor.
-¡Que el dos por ciento me ilumine! El poeto tartamudeando charcos pampitos.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Un susobicho proverbial


“Hay algo peor que la derrota

y es perder el conocimiento.”

Antígonas Celiar González. Boxeador Dominicano.

33-2 -28-3





Las mejores narraciones se agotan en un etcétera; en un veremos mañana qué es lo que pasa: sino fuera. Sino, fuera (un signo de interrogación gigante se interponía siempre luego del sino, fuera); por demás curioso, esa frase tan cristiana de dar fin al asunto. Y el dolor se propaga hasta por los codos, es decir, poco despues de los puntos y a parte. Antígonas Celiar Gonzáles, esparrín profesional, advertía estos pormenores a sus discípulos. Les hablaba a todos de la derrota-estúpida-igual que de la victoria-única puta disponible para los muchachos del gimnasio. Para caer, repetía en sus frecuentas arrebatos verbales, hay que tener aire. Y todos los mocosos entendían correr, correr, de día y de noche para tener piernas, jamás se les ocurriría...

-¿Te encuentras bien?¿dime qué día es hoy? El juez buscando a Antígonas dentro de los agujeritos oscuros que se perdían en el infinito de las gradas pululantes de una arritmia delirante.

-Si...si...hoy es. Antígonas medio grogui aún torcía el cogote como un pollito aplastado por una vaca. Tenía en su mente cada maldito movimiento que bien pudo esquivar pero no lo hizo. El Jab de derecha-Polonio Ascasubi bien apodado el Bombardero del puerto, poseía una zurda siniestra-y el cross de izquierda; los ojos de Polonio que lanzaban fuego artificiales. Uno, dos, uno, dos y a la lona. Luego el juez preocupado por su humanidad postrada y la fecha de hoy.

Fue el 3 de marzo de 1963, velada que conmemoraría el retiro inesperado del legendario Antígonas Celiar Gonzáles, más conocido como Mentón de vidrio. Ningún boxeador profesional era tan merecedor de tal apodo como Antígonas: 33 peleas avaladas por la Federación Internacional de Box, 2 victorias por Nock Out, 28 derrotas, y 3 peleas por indecisión de los jueces ¿Quién mejor para entrenar a los futuros esparrín dominicanos que Antígonas? Al principio, un sector (que no merece ser recordado en este momento) de la Asociación dominicana de box profesional, la ADBP, dudaba “que un perdedor imprima el espíritu de victoria a los futuros...”, y bla, bla, bla. El sector que ganó esa contienda, mejor dotados para argumentar el porqué Antígonas y no otro, sacó un as de la manga: porque recuerda todo. En la pared norte del gimnasio de la ADBP el lema de ahora en más rezaba:

“Hay algo peor que la derrota y es perder el conocimiento”. La leyenda seguía su curso. Los que nos dedicamos a la enseñanza-yo mismo soy un discípulo de Antígonas-sabemos muy bien que si el aprendiz no cree en su maestro todo está perdido. Contrariamente a lo que se creería, como ya adelantamos, los discípulos de Antígonas creían ciegamente en su maestro. Bien hice en utilizar la palabra ceguera porque ninguno comprendía la verdadera enseñanza de la derrota. Los que no creían en el maestro confundían derrota con derrotismo, lo cual en parte justifica la interminable sequía de campeones en tierra dominicana. La ceguera del éxito es proporcional a la ceguera de la derrota. Y así, los primeros combates amateurs de los aprendices más avanzados, que preferían violar el reglamento quitándose los protectores inguinales y los cabezales. Esos primeros intentos fueron muy angustiosos para Antígonas maestro. Iban al muere. Ninguno recordaba cuál fue el último golpe que su rival les propinó. El sistema presentaba una falla, algo que no funcionaba adecuadamente. Antígonas se acordó que en la pelea con Polonio el Bombardero del puerto podía anticiparlo con los ojos cerrados, pero algo que él no entendía hasta el momento le impedía repeler el ataque encarnizado de Polonio. Ese algo era lo que no tenía Antígonas para vencer a Polonio y a sus 27 anteriores vencedores. Antígonas era lento, no tenía una pegada fulminante como la mayoría a los que se enfrentó, se movía bien en el cuadrilátero pero tenía dos piernas izquierdas como decía su antiguo maestro; se destacaba por su alta absorción a los golpes, sin embargo, su mentón era infinitamente frágil (de ahí su apodo). A todo esto se le sumaba que casi no entrenaba, le gustaba la joda y la riña de gallos. También, y esto es lo contradictorio, se lo conocía en el baile como buen bailarín. El recuerdo de su última pelea fue el rayo que lo iluminó. Uno puede estal tapado de mielda ( su ere era una ere a la caribeña) pero se desconocen las propiedades curativas que puede llegar a tener en el asunto. Y con ayuda de esa filosofía sacada de los coleópteros que coleccionaba en el verano de su infancia supo en qué consistía el siguiente paso. Sepan lo que no tienen y van a saber lo que tienen para dar. Lema escrito en la pared sur del gimnasio.



***



Hasta aquí lo proverbial de la historia de Antígonas Celiar González. Corresponde a este humilde narrador recurrir al etcétera correspondiente para agotar esta historia aburrida y darle un giro que pegue más. Pienso en lectores más exigentes, esos que leen atontamente, y que me interpelan: ¿por qué escribís si ella no sabe leer? Abdican, eso es lo que hacen queridos lectores, no olviden que esto se hace de a dos, entre Rosario y yo, y si ella no sabe leer, menos sabrá escribir. De este calibre son mis palabras cuando tengo la panza llena, así que dejen de joder, si no les satisface eso, aquí les va otra: leo y escribo para los dos. Retomando la punta del ovillo, nos encontramos en una encrucijada. Desconozco a dónde van mis pies desbocados, roguemos: a la realidad hay que emboscarla súbitamente.



***



¡Tantos objetos y sin poder dormir! El susobicho increpa torciéndose un poco la jeta (perdón por la rima, era jabonosa). El susobicho no es un cabezón de mierda, agoniza de marasmo, eso que fue el mejor promedio de la clase Onanismo General.

-¿Cómo, cómo? Rosita Elpe Son apaciguada por la montonera de agua que se le filtraba.

-Marasmo, ¿entendés o voy a tener que pedirte que abrás un poco más las piernas para explicártelo? Susobicho marcando el ritmo de la canción en sus oídos.

-Guarango. Evocando con precisión atlética las diferentes manera de ser abarcada por la fuerza, Rosita Elpe Son estaba.

-Agarráme el textículo, leelo, que del resto me ocupo yo y el cabezón.

-Vos sos agráfa porque en tu escuela sólo les hablan de lenguas muertas ¿y del silencio en movimiento qué? Mi generación es distinta, igualita a la tuya pero con más gusto por las miradas de la infancia, y los masticables.

-¿qué me hacés, cochino? Seguí, seguí, no te permito que te detengas. Rosita Elpe son tiesa en bicicleta y gorro rojo con víscera.

Susobicho torció en la esquina donde continuaba el buzón de la semana pasada. Pocas veces pudo sacarse de la mente algo tan importante. Unas ganas tremendas de ir al baño le vinieron, y no desistió. Se lavó las manos con que sujetaría al cabezón erudito y repasaron, versificaron juntos. A la salida, Rosita Elpe Son, leyendo sobre la vida de José Hernández en Santa Ana do Livramento.

-¿Te dije que tu nombre es musical?

-Me dijiste que te sonaba a música canaria...jamás logro entenderte cuando hablás de ese modo.

-¿Entendés cuando digo que me muero de marasmo, que estamos condenados a morir de marasmo?

-Sabés qué, te voy a regalar una peluca para tu cotorrita calva, así vamos a los recitales de la mano sin que se note.

-no te aguanto más, pero seguí, no te permito que te detengas.

-vamos a ir a una casa de citas a buscar algo, vos elegís.

-Yo sueño con tu pito, un poquito, pero preferiría recibirme de trabajadora social.

-¡Por mil velas verdes! Creo que estoy sanando. Y digo más, voy a dejar de lado el derecho de pernada, vas a ver.

-¡Uy! Estás (duro) desnudo como un mazo de naipes.

-¡Qué lindo! ) Legado (



***



Legado:

a) zona erómonima

b) te lo digo en lengua muerta: ass-hole

c) ahora en lengua viva: el tuje

d) habla solito, pobre

Lo cierto es que el otoño habla solito también, y eso que enferma a todos con sus ideas suicidas.

-¿y si empezamos de nuevo?

-¿y si te miento porque siento miedo?

-¿y si dejamos de lado la pernada y las rimas?

-¿y si comenzamos con los refranes?

-¡Calláte la boca, vos! Ahora saborea mi lengua exquisita que yo me eduqué para estas vicisitudes glotonas.