sábado, 29 de enero de 2011

Hierro mata,Hierro muere

"Debo agradecer o maldecir esta circunstancia
de poder sentir todavía amor
a pesar de tanta desdicha?"
Alejandra Pizarnik


En efecto, lo que causó tanto daño, podríamos decir, fue demás efecto. Estamos preparados para mentir a diestra y siniestra, dicho sea de paso. Ningún lector se atrevería a pensar ( o leer) entrelíneas. La causa, es en afecto. La ira viene con el pucho de costeleta. La envidia, bien, como de costumbre. El ganso se fue volando como boludo en para qué de diversiones; sólo que esta vez el para qué era un laberinto de cera o una caja de fósforos patitos. Cual Hierro mata, se repetían sus amantes, que en alegoría de la vida zurcían las bombachas que él les rompía a tirones. Hierro mata, como buen carpintero era el célebre ganso volando hacia el para qué de diversiones. Los efectos que se hicieron sentir fueron variados. Uno de ellos, dificultades a la distancia, holgaba insistir el piloto encargado de ajustarse la ausencia de miopes gafas para curar la vista enana. De cerca la cosa no cambiaba mucho. Lo que puso a Hierro mata entre las cuerdas (vocales) de una romántica que no atinaba a lustrarle el salamín serrano. Papita para el loro, interjectó nuestro inestimable protagonista mientras denostaba sustantivos de toda clase y/o posiciones del camasutra. Le dejó el culo, su hermoso mito familiar-mejor de los recuerdos-flechado. La romántica abandonóse al simbolismo poco antes de convertirse en surrealista empedernida.
Retomando desde la o de culo, afirmamos que lo que se movía en el fondo distraía: y cuánto distraía.

Pero poco duró tanta confusión. Hierro mata acicalándose sales y minerales a orillas de un río encontró a Hierro muere abanicándose raudamente en la superficie de algo. Se miraron largo y tendido como si se conocieran desde siempre. Fue entonces cuando comenzó la casería. Compiten, solía escucharse entre los parroquianos próximos al río. Esto va a terminar, si termina, reparaban los menos ortodoxos. Siglos pasaron sin arribar a solución alguna. La congoja se apoderó del para qué de diversiones y de los contendores que a esa altura se sentían más unidos que nunca. Abrieronse paso a los tiros entre la muchedumbre (tres o cuatro baquianos curiosos) en efecto. Hierro mata y Hierro muere desde entonces, desdichados, emprendieron su destino común.

-Oh!, es mi oportunidad oportuna. La Renga que los parió recrudecía entre acto.
-Vamos a ver qué pasa si le pisamos el suburbano vaginal. Hierro mata con su antes dicha falta de ética.
-andaríamos mejor, si no fuera. (Risas) Hierro muere siente que se le afloja la dentadura petiza.
-yo te voy a llevar, Hierro muere, a turu-cútu, verás la grandeza de entrar a la ciudad de mis amores, a pie desbocado.

miércoles, 26 de enero de 2011

Mente en negro

La mente en negro, sin las ventajas de un tiro libre-o de las bondades de la mismísima ley de ventaja. La tabla (de lavar fósiles) rasa y sus consecuencias hacia abajo. Los centros también se hacen pensar, más con la noche y sus sonrosadas intenciones, que invita. La mujercita tibia ensaya completarse como mujer. Huele el semen y huye despavorida. En sentido contrario, a veces. Son sus sonrosadas intenciones palpando el ganso que la sobre-coge en demasía. Lagartija tímida que escapa del rey león. Pero sobrecoge más la extraña extinción de centrosjás, que definan, tan indispensables para la delantera. La modernidad tiene esas consecuencias tibias y sonrosadas. Voy a intentar una historia en pocas líneas, quizá, en algunas páginas más, en algunas páginas menos. Se supone que es interesante, pero ni mi gato Hank lo garantiza: “...el sexo no prospera en medio de la monotonía...”cita (a ciegas) de la precursora de drogas blandas y escritores que se la creen. Anais Nim, impecable, urdida por una ardiente mente en negro. La variedad, tan amante de la prosperidad como Anais, mucho menos es una garantía, exclama Hank desde su reinado feliz-no. Tal vez tenga que ver con la selección de las armas, como lo es en el caso de Ramón Mercader, mejor conocido como mercachifle de Stalin. De vez en cuando, organizar la ceremonia adecuada a los entierros-el ritual más para vivos que para la gilada promueve algo así como un estremecimiento súbito. Pero la historia no termina ahí, dejenme agregar que la lagartija se escapó por un temor nauseabundo (entiéndase tabú) a las rimas. Prosperó el sexo entre rejas y bien intranquilo. El ganso con hidrocefalia alertado inocula su intrepidez al aire cual hombre civilizado.

“No es lo que el hombre habla de sí lo que lo define-sino el estado de su ganso y su prosperidad”. Debiera añadirse para una historia breve en busca de lectores más exigentes.

Y líneas más, otras de menos, la mente en negro toma el poder y asume (las aritméticas de toda dictadura: el poder sea sume). Dicho sea de paso, la literatura también queda sobrecogida desde que murió Anais Nim, o Rosario, indistintamente. Los lagrimones de ganso suceden por estas ausencias.

martes, 25 de enero de 2011

Teoría moderna del éxito

Teoría moderna del éxito, jugando al pan y queso: de ninguna cabeza se escapa el triunfo. La vergüenza es execrable, pero infinita. Con razón (o sin ella) un rendido puede escupir y tomarse un descanso. Embriagarse es parte del juego, aunque empache.

-¿cómo andás vos?

-yo, viendo. Apunta un indeciso rendido mientras abre el paraguas de la bandera blanca.

-te convidaría un poco de paraguas si no fuera.

-no importa, ya vas a recordar, si es que tenés algo qué recordar.

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............................................................................................................la herencia familiar, pos, el éxito con temor a lavarse el pelo con Wellapons: a lo sumo, ir detrás del futuro que hecha luz cuando me acaricias con tus piernas. Pendiente, la música con sus clásicos (porqué no... muchas gracias, buenas noches) cuatro acordes tiene su 14 de febrero. Un parche a lo Minguito pero emperifollado a lo Tolengo. Casi todo queda, casi. Otra, otra. El que no salta, el que no salta no mama, y el que no afana es escritor frustrado.

Naturalmente, el carnaval sueña con ganas de ganar; por única vez desde que se abrió el paraguas.

lunes, 24 de enero de 2011

¡Ah!

¡Ah! La opulencia musical del barrio se hace escuchar, y en su ausencia más aniñada. Soñar con dosis de ansiolíticos surtidas por el vecino que comparte, que obliga a compartir su miseria musical. Con los parlantes más pequeños pero infinitamente más poderosos: la música del barrio. Gana el tango, a veces, el cansancio de la mañana que agota el repertorio. Y todos a dormir. .................................................................

En su despacho. Formal y dad. A quejarse a magoya:

- Llore, pero igual no va a mamar ni una gota de la que le corresponde, los tiempos de comunismo se hicieron terminar, eructa McCarthy desde la tumba. Esto trajo buenos resultados; y malos. Por malos entendemos no poder elegir-como en sueños tampoco (tan poco o menos) a quién besar o abanicarse el móvil decoroso que en la vigilia se resiste. Porque no elegimos: el vecino comparte su miseria musical, de hecho.

Algo falta, y no hablo de ponerla (¿se me entiende?), al fin y al cabo.........................................................................................................................................................................................................................................................................................................tomar ...........................................

...............................................................................un sorbo de conciencia, sin atenuantes, equivalentes a dos miligramos de sangre. Lo suficiente para tolerar la vileza de método. Y todos a dormir, menos yo que carezco de vecinos. En esta esquina sin miseria musical. Una de dos. Fue mía o lo será, Rosario. Una, heladera media vacía. Dos; le mentí a Rosario. La tercera es la vencida: tiene que aprender a creer en el método.

Lo será sólo en ese caso, mía, mía sólo mía, como dice Julio Egoísta Iglesias, fenómeno capitalista. Yo no te quiero sólo para mí, Rosario, puedo compartirte algunas veces con vos a todo dar. Igual a mi vecino (ex) hasta que la mañana se agote. Y todos a dormir, incluido yo, ardido en tus pechos / tetas-dos miligramos de sangre..................................................................................................................................................................................................

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....................................del aburrimiento, fenómeno capitalista que invita a contemplar las uvas de la parra que dan a mi ventana. El tren pasa también; y tan bien como este juego de palabras. Desde que cumplí cinco momentáneos meses (falta de conservadurismo, más bien otro lenitivo dividir el tiempo por momentos) en esta esquina, ponerla se ha vuelto un causa sui. No dudo que se me entiende, ponerla es atributo del aburrimiento, algo falta al fin, y al cabo, tomarlo como si fuera la conciencia y hundirlo hasta donde muera el maldito: aburrimiento.

lunes, 17 de enero de 2011

Como el culo


Befa y todo-como si hubiera algo más allá y se omitiera, que dado el caso, la befa lo es todo-retroceder nunca, rendirse, habría que pensarlo. Porque, pensémoslo bien, la rendición podría representar un buen papel. Colocar todo en su lugar, incluida la befa. Artículo en mano, comenzar a recapacitar. Y va la segunda, prolongación de la primera.

Pero lo que importa en este momento, es la representación de la primera: la rendición. Centrar a la befa en el centro mismo del meollo de la cuestión (Anotación del autor). Burlarse de la mala racha, y de todo, ese meo yo de la cuestión que me tiene tan alertado. Subrayar bien las palabras que no van a ir (Nota subrayada del autor). Diría que la mala racha es un viaje de ida que sólo se regresa (optar por solo si hay posibilidad de regresar, comentario al pie del autor) de anticipación. Asado y ferné. De culo dirían los changos en el barrio. Filosofía que muy pocos marxistas comprenden. El culo tiene sus virtudes.

Gracias al culo podemos dormir tranquilos en caso de mala racha, dicho de otra manera, el culo es el “receptáculo” (nótese de qué manera insiste el culo en nuestras palabras) ideal en donde depositar el orden anormal de lo que nos perjudica ¿cómo no entregarse a la seducción de la célebre frase: me va como el culo? El culo encierra, como hemos adelantado, virtudes descomunales a la hora-de-la-freudocatarsis. Pero el culo libera, muy seguidamente, indignidades tales como sus propiedades antropofágicas: el dedo en el culo. Yo diría que dos pueden ser peor, también que estas elucubraciones tienden al relativismo (perdón, Carlitos por tanta flojes, el culo es un tema delicado para tratar, y emergen las retenciones hacia adentro, incluido objetos familiares como los dedos)(no dejarse sugestionar por las retenciones: esto no es ahorrar, es pura tacañería. Nota borrosa, aparentemente subrayada) y que requieren, mejor dicho, exigen una aclaración pertinente ¿A quién no se le ha pasado por la cabeza (y por el culo, por qué no) que tal indignidad para otro puede ser hasta reconfortante? Sé que nadie osaría en contradecir que un buen culo, un culo generoso, un culo receptivo, un culo exultante se merece estar en el centro mismo del meollo, indistintamente.

Pero yo quería verificar el posible papel que puede jugar la palabra rendición en todo este asunto y me fui por el culo (subrayado). Rendirse hasta es necesario. Blandir la indudable bandera blanca en buena señal para el enemigo. Del resto se encargará el historiador de los vencidos. (Alertar al lector que no se desaliente, estas estupideces guardan un posible tesoro escondido entrelíneas. Anotación del autor preocupado por el principal lector en este momento, que es él mismo).
Saliendo de la trinchera el aire perfumado de la pólvora todavía entrelíneas, uno fumándose un pucho aunque no fume. Todo ha terminado. Ser vencido, es extirparse entrelíneas el tesoro inaudito de la buena racha. Quizá por única vez, todo salió bien. Porque extirparse ese tesoro inaudito, es extirparse al que cavó la trinchera, y así sucesivamente.