lunes, 24 de enero de 2011

¡Ah!

¡Ah! La opulencia musical del barrio se hace escuchar, y en su ausencia más aniñada. Soñar con dosis de ansiolíticos surtidas por el vecino que comparte, que obliga a compartir su miseria musical. Con los parlantes más pequeños pero infinitamente más poderosos: la música del barrio. Gana el tango, a veces, el cansancio de la mañana que agota el repertorio. Y todos a dormir. .................................................................

En su despacho. Formal y dad. A quejarse a magoya:

- Llore, pero igual no va a mamar ni una gota de la que le corresponde, los tiempos de comunismo se hicieron terminar, eructa McCarthy desde la tumba. Esto trajo buenos resultados; y malos. Por malos entendemos no poder elegir-como en sueños tampoco (tan poco o menos) a quién besar o abanicarse el móvil decoroso que en la vigilia se resiste. Porque no elegimos: el vecino comparte su miseria musical, de hecho.

Algo falta, y no hablo de ponerla (¿se me entiende?), al fin y al cabo.........................................................................................................................................................................................................................................................................................................tomar ...........................................

...............................................................................un sorbo de conciencia, sin atenuantes, equivalentes a dos miligramos de sangre. Lo suficiente para tolerar la vileza de método. Y todos a dormir, menos yo que carezco de vecinos. En esta esquina sin miseria musical. Una de dos. Fue mía o lo será, Rosario. Una, heladera media vacía. Dos; le mentí a Rosario. La tercera es la vencida: tiene que aprender a creer en el método.

Lo será sólo en ese caso, mía, mía sólo mía, como dice Julio Egoísta Iglesias, fenómeno capitalista. Yo no te quiero sólo para mí, Rosario, puedo compartirte algunas veces con vos a todo dar. Igual a mi vecino (ex) hasta que la mañana se agote. Y todos a dormir, incluido yo, ardido en tus pechos / tetas-dos miligramos de sangre..................................................................................................................................................................................................

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....................................del aburrimiento, fenómeno capitalista que invita a contemplar las uvas de la parra que dan a mi ventana. El tren pasa también; y tan bien como este juego de palabras. Desde que cumplí cinco momentáneos meses (falta de conservadurismo, más bien otro lenitivo dividir el tiempo por momentos) en esta esquina, ponerla se ha vuelto un causa sui. No dudo que se me entiende, ponerla es atributo del aburrimiento, algo falta al fin, y al cabo, tomarlo como si fuera la conciencia y hundirlo hasta donde muera el maldito: aburrimiento.