miércoles, 16 de febrero de 2011

La música y su nacimiento


En definitiva: nada. 
Absolutamente nada, y podría ser menos. 


El último párrafo que bien podría reivindicarlo como mío (ya que nadie lo reclamó) habla de lo mismo. De nada. Por jactancia o por gusto la nada y sus aventuras-y desventuras. La pieza sigue siendo un terrible asesino, ni las hermosas mañanas, ni el desocupación logran ahuyentarlo. Despierta con ganas siempre de matar. La nada lo seduce pero sólo por cuestiones estéticas, ya que la nada precisa divertirse con lugares comunes como en las novelas del colombiano ese. Quiero decir que no pienso hablar de la receta que es secreta y que todos conocen; me cago en lo que tenga que decir si es que hay algo que valga la pena: para eso están los panfletos. Vale la pena aclarar por si acaso surge en el siguiente párrafo la gorda puta que me la chupa cuando se le antoja. Anoche llegó reclamando su 14 de febrero vestidita con encajes y perfumada con una fragancia indescriptible similar al sudor de una virgen. Fue mía mientras extraía la poca sangre que había en mi cabeza.


Aclaro: sólo un milagro la hubiese retirado de esa pradera en la que adelgazaba la inocente. Pero todo eso es una infamia que fue borrada-no desaparecida-por una ráfaga de televisión. Luego, la nada ahuecando el ala al centro de la mesa. Distinto de pensar que sólo escribo pelotudeces, últimamente. La nada recrudece, y yo contabilizo:
¿Podría ser menos?, claro Rosario, podría ser más también, ¿lo pensaste?, seguro que si, por eso devolvés mis palomas mensajeras. 


Escribo, luego pienso, y mientras lo hago comienzo a ver que tuve la estúpida esperanza excedida de dopamina de que me calmes el corazón no sólo arrancándomelo como bien sabés hacerlo hasta el día de la fecha; incluso, un poco de imaginación. La nada se hizo clara y nos cantó su leve canción. Y ahora estoy escribiendo. La nada pasó del centro de la mesa a mi estómago entorpecida. 


Hace un momento fue lindo. Me cortaba las uñas de los pies y luego era. La punta de los dedos perfectamente relucientes hablaban por sí mismos. La vida estaba de vuelta, ¡qué placer! Y yo que minutos antes estaba preocupado por la paz en el mundo, también por la guerra que va adecuando sus formas a las nuestras: Beleave me, angel, i love you more than life. Naturalmente todo esto es alusivo. El sonido y el silencio son perfectamente cómplices y juegan al arroz con leche en la con posición. Estas son las vidurrias de la antigua canción, su ritmo evoca un sentido que se halla en otra parte. Un buscar detrás del humo del cigarro que está afuera del bar por ley. No importa si descubrimos que el toxicómano es el mismo asesino de la pieza, la ley es para todos. Menos para el dueño del bar que ya piensa en mejorar sus ganancias alentándonos a la consumación. Mundo cruel, este el pos-moderno decía mi vecino (ex) muerto y todo. Pero como buen equivocado, basta con ver a otro tomar el camino adecuado: la nada, confundida a esta altura del relato pide una mayor participación.
-Salvarme, de eso se trata.
-Por algo usted no se ha suicidado, señor salvación.
-Es que la escritura, doctor, la escritura y todo eso de la muerta me tiene la cabeza en boca de la gorda puta que corre por la pradera.
Ir tirando. Aunque no hablo de lo que realmente tengo que hablar. De ese lugar invisible que se muestra cauteloso hasta cuando me tortura. La gorda puta es su fantoche predilecto no la culpo.There is a place on the sun for anyone do has the will, yes i do beleave...tirar hasta que surja lo impensado, quiero decir, el poema o la canción.