jueves, 16 de junio de 2011

El haiku de Goddard


“El arte nos atrae solamente

cuando revela en nosotros secretos.”

J.L.Goddard

Primer movimiento.


Ocurre que a veces se oía tras de si:


-Usted, señorita Melanie, diganós…


Esta noche no vendrá.


Todos lo sabemos: en inca-la-perra se fabrican muebles en su honor.

Lo de Goddard es el Haiku. Punto y coma. Besar a escondidas y agitarlo simultáneamente. Flor loca de amor.

En el fondo es tristeza, o triste, o tigre, o tres, pero cada año hay una excepción. Podemos cambiar los sentimientos con permiso de las ideas. Pero el problema de las mujeres, y de la plata juega una partida de Metegol.


La verdad, la verdad, estoy seguro.


Por otra parte me asquea la psicosis del amor, los imprescindibles absolutos.


¡Ah, cómo despertarla de su olvido imprescindible!


Por un momento creí que tenía un quedecir, así que solo te escribo, amor de mis días. Hola, ola poderosa que se ve, que se percibe a la legua. Una posibilidad sin atenuantes, sin las ingeniosas inexactitudes de la baba en la almohada y el pie afuera de la colcha.

Las tetas de Rosario desmenuzadas en un momento de ímpetu (in situ). Un derecho humano (al riñón); caías, caerás en mis rodillas, hembra revolucionaria.


Esta prosa posa sobre el acetato: servil, técnica, hija disoluta. Una máquina abominable identificada con la bobería de los pánicos atribuidos (injusta razón) todos a los neuróticos intachables como yo.

Musa, para descartar la ineficacia de la leche: ocurre que a veces se oía tras de si; musa cantando su cancioncita de Morrisey.


¡Oh, el statu quo del amor va ganando tiempo!


Así la empernada discípula de la ley de obediencia debida y punto final.

Y los gatos pardos surgieron en el ascensor. Y los gatos pardos devenidos en restauradores de los argentinos.


Los sentimientos in crescendo pero las ideas, escena principal.

Sin excepción achacamos este melodrama a los esfínteres casquivanos. Que tiene su ventaja en evacuar con facilidad. Al resto no dudamos en forrarlo con papel araña y colocarle el rótulo de la autopunición (cuaderno de comunicación). Nos hacemos de entender, es lo mejor que nos sale-con fácil felicidad.


Quien logre unir el punto final con el inicial, sin cantar/titilar, comprenderá que esta historia-palabras más, palabras menos- está alineada por la refundación de la IV Internacional y/o el regreso inapelable de Rosario a mis días, amor.


Y bien, la clase obrera experimenta ha tiempo atrás, la mala operación de sus esfínteres, vía garcha de sindicatos y gobiernos haciendo turnos. Dicho de otro modo: nos reventaron. También perdió el control de sus glándulas que no impide morir desangrados en la vía.


A todo esto, con la punta de los dedos mamíferos tanteamos nuestros sentidos que van creciendo (reconozco aquí la impronta girondina) con vocación de dado, entorpeciendo la nada, todo en marcha.

Métanselo, sáquenselo de la cucuza compañeros: desangrarse nunca es al pedo.


Segundo (y último) movimiento


Etimología: “…como deseo, la carta de amor espera su respuesta; obliga implícitamente al otro a responder, a falta de lo cual su imagen se altera, se vuelve otra…”

La violencia, la injusticia desigual (cuánto mal me hace la sobriedad) parte de la retórica del sufrimiento sigilosamente se desliza:


-Pero yo vivo como un buen destetado. Dije en el bosque muy contento, y hablaba, hablaba sin sesear.


Quiero ser normal. Quiero ser normal.



Quiero ser normal.


Quiero. Ser normal.

Una vez más quiero ser

Normal.


Espero, luego aparecés. Sobrevivo luego la inaudita desesperación de querer pronunciar las dos palabras simultaneas que intentó Goddard.