jueves, 14 de abril de 2011

Teorema de Existencia


La matemática conoce algo llamado Teorema de Existencia. Nosotros los poetas modernos también tenemos algo parecido llamado comentarios. Pero esto no es más que un boceto, una suerte, de lamido ancestral: la inevitable ruta rupestre.

Porque la humedad avanza a paso redoblado, y deja a la intemperie los escombros. Pensar, abandonarse a pensar todo lo contrario. Porque se puede: una catarata incomestible de palabras en fila. La estrategia recobra su estatuto en las finas líneas del plan de negarme a hacer para hacerlo necesario. Hank, y su testamento lúdico: la isla desierta.

¿tomarías una vara y rascarías palabras sobre la arena? Que los gusanos y los pájaros no me mientan permitir. No, no lo haría.

Abril, uno de 2011:

Una ciénaga se proyecta ante nuestros ojos

Alertado principalmente por el estilo de mis ojos

Pienso en escribir.

Cambiaron de color

Síntoma de que algo anda mal

La bilirrubina es el apio de mi hígado

Es la porción deshecha de antemano

Por los gusanos y los pájaros amigos

Amigos

También la ciénaga es indicio de algo pero los escombros merecen una explicación antes de que desaparezcan. Nadie es espectador sin espectáculo, sin el espectáculo de uno mismo luchando por convertirse: por ser educados en el arte de lo que vendrá. Que vendrá cuando sepamos que estamos en presencia, en presencia de algo llamado Arte. Si la duda insiste, no cabe duda de que ya estamos en presencia de los escombros. Él, yo en toda su (mi) magnitud de indigencia.

Con igual y repentina actitud, cadavérica, la cosa se pone, a gatas, digamos. Y ahora es posible distraerse viendo el desfile. Los ojos, como expliqué anteriormente, tienen vida propia, ineluctable vida. Si nos tomamos el tiempo necesario para estudiar el caso. Observar la vida de los ojos para confirmar la hipótesis: algo anda mal. Tipos de ceguera los hay, y diversos, como es mi caso. Ver, lo que se llama ver, desde este momento cobra otro significado. El daltonismo es el clásico caso del capricho crónico. De nacimiento ciego. Y hablando a boca floja, el descubrimiento: ¡vaya descubrimiento! (el ridículo asunto del duende y el oro al final del arcoiris). La educación en estos asuntos escasea o es recortada por la fantasía del manicomio y la llave de la ciudad.

Como dije, ver, lo que se llama ver de ahora en más (o menos) depende del espectáculo diseminado frente a nuestra inevitable carencia de visión. Babeando, ya estoy babeando. Impaciencia y mala suerte en alza. Plétora daltónica se le llama también. Enamorado, andaba enamorado del yo indigente, yo cuando encontré una lima en una torta. Lima. Limó. Limé barrotes de un acero chocolatado, sencillo de digerir. Me engullí rabiosamente dichosa torta con mis ojos invidentes. Poco antes de huir despavorido de mis ojos amarillo/testamento, guardé cariñosamente la lima en una de mis caries. Le canté canciones de cuna por los servicios prestados, y me retiré. De eso ya van 14 meses de exactitud daltónica.

¡Oh! El mundo...lo que es el mundo desde entonces. Una soledad casi perfecta si no fuera por la indigestión desatada por la torta. Dan ganas de limarse el hígado o los ojos. Siempre hay partes de uno fallutas: primera demostración.

Así fue. Yo era yo, y todo esto es un naufragio. Piedra libre a lo que se llama ver. O un eventual fracaso. Todo este despertar sólo hace recordar que el problema tiene o no una solución. Si volviera a abrirse, veríamos que el hígado tiene varios atajos al par de ojos.

Y palparlos sería lo pertinente. Y ver su reacción a un piquete lo siguiente. Recuerdo que una vez, uno de mis ojos no paraba de lagrimear. Fui el médico de los ojos y me auscultó los pulmones. Me hizo toser fuerte y respirar profundo. El acertijo se resolvió meses después cuando dejé de usar el corsé que Mariana se olvidó con la mudanza. Pero quedó una marca. La libertad, y los ojos suelen tener una relación muy estrecha: segunda demostración.

Bueno, todo esto es para familiarizarme con el NUEVO MUNDO de existir en determinadas condiciones. En realidad, vivir la vida de mis ojos es difícil de soportar. Familiarizarme con el NUEVO MUNDO que ofrece mi yo indigente a la cabeza me convierte en un suave niño abrazando un cálido regreso. Y si es que existo es porque la vida de mis ojos no es sólo mía.