jueves, 3 de marzo de 2011

Altón piruobrero


Mejor sería dejarla ir. Dejar la. Ir por el congestionado aliento. Todo sería mejor. Si la dejo ir cómo cortamos por lo sano. Al fin y al cabo, vagar de prisión en prisión es cosa de locos. Todo sería mejor en una ciudad ordenada. Pensé en cortarle parte de sus ligamentosas piernitas harapientas. Sin duda para algo se inventaron. Los locos como yo. Mejor sería dejarla ir. Dejarla ir. Es que la amo tanto cuando tintinean sus aguachentos lagrimones.
El recuadro destinado a ser una ventana fue una ojiva bermeja y orgullosa. Parecida en su capacidad siniestra de ser otra cosa que ella misma. Los argumentos son disímiles. Mi antepasado gritando cosas de mí desde el recuadro destinado: “Tenía un pene digital, falangíneo...”ortopédico, y a otra cosa mariposa. Mejor sería dejarla ir como quien no quiere la cosa, y a otra pierna: ortopédica. Mariposa. Pero de nada servía enseñarle tigres y movimientos de jaque mate a la pobre. La ignorancia fue creación de mi padre. El muy hijo e´puta. Que en paz descalza. Pulpo en el dedo, rasgándose mi pereza.
Y todos creían que me iba a salvar de la salvación broncínea urdida constitucionalmente. Mejor seria dejarla ir. Sí. El pene digital, muñón novedoso de falta permanente acaparando la savia, aceleración del tiempo. Motivo suficiente para no dejarla jamás. Antes muelto. Quemal acompañado. Mi padre, agricultor indeleble, sembró riquezas estériles en la mar. Mi madre se sorprendió al verme nacer. Todo sería mejor en una ciudad ordenada. Así. Y todo, la culpa es de quien abrió ese adorable boquete en una pared para salir por la puerta sin gol. Piar. La caída fue estrepitosa, sin silla de olvidar.
Entonces la ecuestré. Amé un racimo de manos con cinta de embalar y la puse a ella detrás. Ciudad ordenada, esta. Luego la endrogué con meta soñá y le arranqué el deneí. Fui el rey rojo endrogado en su bosque/movimiento para garchar. Su inocencia era diez veces mayor que mi fiestonga. Años más, años menos. Mejor sería dejarla ir. Pero ajusté una cadena de acertijos venenosos a una silla donde la deposité. Ahí va nuestro futuro me señaló. Un loco. Me volví. Para verla jugar con los deliciosos aromas de los juncos.
¡Oh! Sería tan costoso dejarla ir. En este bosque/movimiento, la tengo atada de pies y palabra. Los locos como yo no tienen nombre aquí. Señor. Ni ella creo yo. Extrovestidos cabalgamos cayéndonos placidamente para repensar la próxima caída. Los andrajos polvorientos nos sedujeron. Hasta que el imbécil me recordó de mi reinado impertérrito. La corona de mi madre reclamaba cuando esta ya no era ni mi madre. Yo a secas, loco de mierda: punto, y(a) parte, recalqué.
Y la dejé ir. A marxlandia a estudiar sobre el peronismo y el rock nacional con escala en Madrid: en alemán. Loco.
¡Ah¡ elamor, la propaganga y agitación. Las asambleas suelen tener ese Altón piruobrero en el mejor sería dejarla ir. La libertá made in ciudá y canpó.