viernes, 8 de octubre de 2010

Documento 1


En la punta del ovillo hay una gotera. Una gotera dije, que no es cualquier gotera, señores. Estamos en presencia de una gotera envidiable, de esas envidiables goteras que escapan a manuales y a impermeables. Al principio, principalmente hablando, principiamos que nos encontrábamos frente a un coloso que daba la talla en lo que usualmente se principia como un inédito; nada más alejado de la verdad que ansiamos tanto como buscamos. Todos conocíamos la mitología, sencillamente porque nosotros la escribíamos a raja tabla-ella también nos escribe, sigilosamente hablando o escribiendo. La gotera es parte de éste cielo raso, más raso que el raso de los cielos nuestros. Y así en la tierra como en el cielo-raso-convivíamos, de hecho, convivimos actualmente con nuestra gotera. Párrafo aparte se merece la otra punta del ovillo.

De vez en cuando somos capaces de discernir –nótese bien ese de vez en cuando-lo que nos entrega la gotera. En momentos como esos consultamos al mejor de nosotros y lo asediamos con interrogantes, más para distraernos de nuestra existencia que para descubrir la verdad de la gotera. Pienso que nos sería ventajoso conocer la causa en épocas de intensa lluvia, en ocasiones en que poco podemos hablar ya de una gotera; ni los baldes que utilizamos frecuentemente para retenerla nos bastan; como dice nuestro hombre sabio: se ha operado un cambio de calidad. Y la gotera ya no es gotera, es tormenta. Tememos mucho llegar a esa instancia tan poco producente, por eso hemos desterrado de nuestro vocabulario la palabra gotera, y en los manuales donde registramos todos nuestros pobres descubrimientos sobre la vida y sus atributos, arrancamos la página en la que hablamos de la construcción y/o uso de los cielos rasos.

Valoramos los intentos de nuestros jóvenes, siempre sumidos en lo que llamamos rebeldía o actuación, indistintamente. Actuando, nuestros jóvenes se interesan mucho por arrancar las hojas destinadas a descubrir Las elucubraciones del lenguaje, pero las que despiertan una pasión incontenible son las Breves enseñanzas sobre nuestra existencia.
Que ese movimiento en nuestras vidas se alterase, es casi impensable, pero uno nuca sabe; en el manual todavía figuran páginas que hablan de “cierto escandaloso paso tuberculoso y anonadado, anulado, y demás sinónimos”, ahí donde años anteriores figuraba una palabra que daría cuenta de una “cierta cohesión o alianza entre dos extremos que se unen interrumpiendo el paso natural de las cosas.
Nuestro hablar se complica con cada página que vamos arrancando, se intrinca cada vez más. Por eso hemos decidido organizarnos en lo que respecta a la amistad. Como dije, nuestro hablar es demasiado intrincado, por lo que toparse con un amigo y sentarse a hablar, nos puede llevar incluso días enteros, y eso es contra producente, hasta me animaría a decir, destructor. Ante tamaña amenaza, decidimos regular nuestras charlas, o erradicarlas definitivamente de nuestras actividades diarias. Dado que nadie se opuso a la regulación, por unanimidad comenzamos a elaborar nuestro mito colectivo, así surgió la gotera, el más elemental de nuestros mitos, por lo tanto, el más poderoso. Recordemos el nulo, el tubérculo de los extremos que se alían para interrumpir el transcurrir natural de las cosas.

Estas palabra son el nulo, señores. Increíblemente, para poder contarles sobre él es que tuve que transgredir, dividirme, extremarme y aliarme con vaya a saber qué misterioso territorio que me permitiese detener el suceder de las cosas que nos dan la vida. Por supuesto, el mito también es el nulo, pero un nulo incapaz de permitirnos retratar, manifestar, testimoniar, y demás sinónimos, los misteriosos terrenos que permiten detener el suceder natural de las cosas que nos dan la vida. Pensándolo de otra manera, el nulo hasta puede convertirse en un pasatiempo completamente destructivo y arrebatador.