miércoles, 29 de septiembre de 2010

Lo que Scrat a aprendió del Coyote y viceversa




Alguien dijo por ahí-a ver, alce la voz que no se le oye, por favor-que apasionarse por algo y someterse al antojo del deseo encarnaba otra forma de esclavitud. Por supuesto que no lo dijo Scrat, mucho menos el Coyote. Todos sabemos eso, quiero decir, todos, empezando por mí, y terminando. Lo dijo Benito empecinado en hablar de la libertad. Pasando en limpio, apasionarse no es tan bueno, señores. Entendiendo por señores a Scrat y el Coyote. La bellota y el correcaminos, se merecen estar incluidos además, son parte de la causa. La causa es la siguiente: a estos señores no se les mueve un pelo cuando de alterar el orden de las cosas se trata. Queremos decir-aquí nos detenemos y comenzamos a hablar como se debe-quiero decir, que la bellota y el correcaminos son lo que la suma de los ángulos interiores de un triángulo representa para la trigonometría: pura tranquilidad. Que no se les mueva un pelo, no es caprichoso ¿a quién se le movería algún pelo en el momento de ir detrás de un apetitoso bicho imposible o de un fruto escurridizo igualmente prometedor? He arribado donde quería, engominado por si las moscas, digo que Scrat y el Coyote no tienen por qué razonar en ese momento, lo hacen después de ser aplastados por un yunque o poco después de ser devorado por un hueco sin fondo. Ahí es donde se encuentran estos señores e intercambian estrategias. Benito tiene razón, admiten en ese interregno invisible donde se cruzan estos personajes.
La peor parte le toca al Coyote, el correcaminos se burla constantemente de él y de su inventiva, pero el correcaminos tiene menos. La velocidad del correcaminos es directamente proporcional a la insistencia del Coyote que podemos computarla con ayuda de algún dispositivo capaz de registrar los colosales desempeños de ingenio desplegados por el Coyote (auxiliado por la industria Acme siempre en evolución). El Coyote no puede controlar lo incontrolable, de otro modo, el correcaminos se llamaría banquete del día. Efectivamente, a Scrat, le sucede algo diferente. A pesar de sus despliegues físicos propios de uno de los cuatro fantásticos, Scrat está coaccionado exteriormente por un planeta en deshielo; lo que equivale decir: la naturaleza lo domina. Los riesgos que se corren son primos hermanos, si la Warner BROS quisiera, morir sería una alternativa posible a los yunques y a los huecos sin fondo. Y puedo seguir escarbando, si me lo permiten-no ustedes, sino estos señores. Escarbar de este lado, del interregno que comparto con estos señores y con ustedes. Nuevamente, Benito, sos un ídolo de multitudes, te damos la derecha. Decía, escarbando llegué al anima de la cuestión, mejor dicho, de los dibujitos. Lo que Scrat aprendió del Coyote y viceversa es la siguiente enseñanza: si no hay promesa, no hay fruto ni bicho que nos apetezca. Rima y todo, es un hecho. Por su parte, cabe destacar, el constante desarrollo de la industria de emboscadas impulsadas por el palpitar intranquilo del Coyote, y, la idoneidad no tan sólo atlética de Scrat, sino de permanente desatino para sobrevivir que lo convierte en un perito a la hora de eludir las contingencias más inverosímiles que le toca soportar en su lucha por la bellota. Esta multiplicación de actividad afectiva, hace suponer que no son tan esclavos de lo que les ocurre, y aunque no nos guste, es posible imaginarnos una última secuencia. La libertad es una estrategia del próximo capitulo o de la siguiente parte si es que la hay. Es una emboscada en tiempo real que empuja al Coyote y a Scrat a concluir, aunque ese concluir represente una virtual aniquilación. Lo que estos señores van a aprender, lo cual implica un aprendizaje para mí también es que sin una última secuencia, la bellota y el correcaminos, no significan nada, y aquí es donde Benito no dice ni mu.