viernes, 17 de septiembre de 2010

Lindo, la madre que te parió


Odio el adjetivo lindo. Sencillamente lo odio; pero ese sentimiento, muchas veces insaciable que me posee cuando lo escucho-misma sensación al leerlo-tiene un sentido. Odiar, pero odiar con fundamento quiero decir. Porque cuando se trata de una película de Campanella, podríamos usarlo indiscriminadamente, tantas veces como fuera posible; igual al hablar de la mujer del prójimo o de una constelación con forma de carro de supermercado vista desde el hemisferio norte(claro está, si tenemos la posibilidad de pasar el ecuador). Podemos lindear a nuestro antojo. Pero pasa que cuando se le dice a un artista: lindo lo tuyo, linda película, lindo poema, linda pintura, lindo, aunque no entienda que querés decir, es mejor no resistirse y largar una puteada para sacarse la mufa de esa palabra. Los tiempos han cambiado, al menos así lo creemos nosotros, al menos así intentamos creerlo ¿Cómo lo sabemos? En el Renacimiento, por ejemplo, ya que viene al caso, se usaban muchas palabras que en la actualidad usamos casi impensablemente. Una de ellas: Groppo. Esta palabra era una palabra más bien propia del arte, y sirvió para designar a un conjunto de personas esculpidas o pintadas. Señal que las cosas se habían alterado, es, no sólo la palabra Groppo, sino el modo de percibir el arte o expresión artística porque anteriormente, es decir, en el medioevo el arte estaba “pegada” a las edificaciones. A partir del Renacimiento, las esculturas que formaban parte de las edificaciones se “desprenden” para ser apreciadas en tres dimensiones, de esa posibilidad perceptual es que habla el término Groppo. Para muchos puede pasar desapercibido pero para nosotros que creemos en otras cosas, no. Percibir la obra artística, poder rodearla, caminar alrededor de ella, es ya todo un cambio, incluso, podemos decir, que se ha alterado el modo de concebir el arte. Esta alteración que produce el Groppo transforma la relación de la obra, mediadora del artista y el público en general. Digo en general, porque no hacía falta ser consumidor de arte para estar en presencia de un Groppo. Entonces, vivenciar el espacio de otra manera, ya no desde las cualidades desarrolladas por maestros pintores en dos dimensiones o de las esculturas que de a poco iban apartándose de las edificaciones, era para la época, una suerte de encantamiento. Las reproducciones de los maestros de la antigüedad nos hablan al respecto, nos dicen de lo mucho que encantaba ese estilo 3D ¿En qué radicaba el encantamiento?

No sólo en el talento, la moderación, la simetría, la técnica del artista, sino, en la de la “aparición”. La obra, el Groppo era una aparición, un objeto apreciado como la materialización de lo que en el romanticismo se daría a llamar malamente el Genio del artista. Desde este punto de vista, algo que favorecía a relacionar la expresión artística con algo material, propio del mundo de los hombres y que traía al artista a la tierra, acabaría siendo dominado por el Genio. Naturalmente hablamos de esa división del hombre elaborada por una concepción de la vida individualista, superflua, ambigua, inmaterial y absoluta del Estado burgués que advendría en adelante que consideraba al arte como algo sobrehumano, no como una síntesis singular de un momento histórico de una sociedad determinada. La posición del artista sería la de un semidiós o un demiurgo. Esta visión es la que transita todavía en estos tiempos, es la que lindea todo lo que ve, la que condena a la marginación o al éxito a un artista, es la que sostiene la ideología dominante, voluntaria o involuntariamente. El artista, sea talentoso o no, es la expresión de un tiempo, de una historia determinada, es un hombre que habita en su propio mundo, el de los hombres de donde saca y sonsaca el material para su obra, es un ser viviente, sufriente, sintiente, que come, caga y coge como el resto de sus semejantes. Decir lindo es como olvidarse de todo eso, es omitir el verdadero intento de la obra o expresión artística, a saber: entorpecer, escandalizar, obstaculizar el paso tranquilo y pasivo de una sociedad en descomposición que nos encamina a la barbarie, a la inanición y a la muerte.

Si la obra no consigue interrumpir, no logra entrometerse entre el mundo de los sueños y el mundo posible para nuestra felicidad, no es nada, lo que es igual que decir, es linda. Por mi parte, si alguna vez hice un gesto artístico, me gustaría ser valorado desde mi peso especifico, como ser humano con necesidades, manos para acariciar y trabajar, también con ideología y clase, con ganas de hacerle la guerra a la muerte.