viernes, 6 de agosto de 2010

Las últimas horas de La Maga


Murió la Maga, lo indica todos los relojes que se derriten en los bolsillos de quienes esconden la noticia. Luego de su complicado nacimiento-¿era justo materializar dos siglos de sueños y experiencias en una sola figura ambulando por las calles parisinas?-y tras tantas barricadas, es importante destacar que para que se cumpla el debido duelo vamos a tener que ver nacer a la Desigual. Porque su nacimiento, tan mitológico como fue posible, fue completamente gobernado por la tarea titánica de la Historia que modelaba su carácter y su agonía. Y en ese mundo inverosímil, pegajoso, capicúa y casi mágico como su nombre, la Maga nos va relatando la vida contaminada de la mujer, de la pequeña burguesía titubeando cuando no hay que titubear.

Versados en esconder relojes, hay quienes resisten parafraseando en las esquinas de los barrios, en los puentes de cualquier ciudad por menos parisina que se parezca, a las salidas de los cines o en un parque revolviendo un basural. Naturalmente parafrasean, porque la Desigual ya había empezado a vomitar tapas de libros y pancartas a favor de la libertad de sus presos políticos y de sus desaparecidos. También hay quienes( estos son los más atroces porque se confunden entre los amigos de la Desigual)parafrasean a la Maga y su imprevisibilidad con el solo afán de negar a la Desigual que en alguna mente ya se organizaba líricamente para constituirse como la mujer luchadora que lucha por una salida socialista de la Historia.

Contradictoriamente, estos parafraseadores, con los relojes quemándoles las bolas, admiten indirectamente que la imprevisibilidad romántica de la Maga, es lo más previsible posible, al punto de llegar a afirmar secretamente que lo que la hace insoportable a la Maga es ese desdén por el desorden-orden diseñado junto a Oliveira, nigromante etílico de su propia muerte.Era justo el nacimiento de la Maga, como lo es en la actualidad hablar de la Desigual que nació casi junto con ella. La Maga se arropa todavía con telas confeccionadas por un sistema que la oprime hasta someterla en la locura imperecedera de lo análogo que la consiente sólo con la condición de su indeterminación. La Maga, o la mujer, a partir de entonces tiene que flotar, caminar de costado, aparecer y desaparecer, ser asible e inasible simultáneamente, juntar cintas para atarlas en los picaportes de las puertas, tener sexo sin culpa y aniquilar a su única prole, amar a un energúmeno que acepta igual que ella la ley que los inmortaliza.

En cambio, la ley que inmortaliza al mundo Rayuela es la que niega y silencia la existencia de la Desigual; es más, esta ley hasta llega a confundir palpitaciones de un miembro amputado con latidos de un corazón. La Maga murió, y junto con los relojes derretidos, la Desigual tiene que decirlo, gritarlo enérgicamente para el mundo, para que su mundo se imponga como la cosa más necesaria de la Historia. Caerán los parafraseadores, caerán los mentirosos, caerán los falsos ídolos que confeccionan sus altares en grandes editoriales y que escamotean el nacimiento de la mujer más bella que hasta la fecha se tiene conocimiento.

La Desigual le debe a Penélope de Homero, a Margarita de Fausto, a Eloísa y a Ofelia, a Nélida de Manuel Puig y a Ema Bovary de Flaubert, le debe a la propia Maga, pero fundamentalmente le debe a la Historia de los hombres que fue el crisol donde se fundía con revoluciones, guerras, utopías y luchas políticas para levantar un tálamo posible donde poder desarrollarse y gritar.

(Las revoluciones no se hacen de la noche a la mañana, pero si pueden comenzar de la noche a la mañana)