sábado, 14 de agosto de 2010

Las manos temperamentales


Quiso hacerla cortita y tiró un me voy que lo sintió medio aterciopelado. Claro, no hay cintura que aguante un jab tan imprevisto. Después dijo, sacáme vos, yo soy una curita nada más. Golpe bajo y el arbitro mirando a otro lado. Con las pelotas hechas pelotas, se retorcía pensando-o mientras se retorcía, pensando. Yo me voy, espero que me saqués de una vez por toda. Lo que sigue a continuación debería llamarse: Guía para saber cuándo pasa el tiempo, porque él, como ya sabemos, retorciéndose de dolor en el piso, busca razones para explicar tanta osadía suya para venir a desafiarlo, a él, conocido en el ambiente como Tableta de dulce de leche por su consabida destreza para endulzar a sus oponentes¿ En qué momento ella pudo lanzar tantos golpes seguidos? Odiaba justificarse cuando perdía, pero el odio recrudecía cuando los críticos pedían explicación por sus tácticas muy poco ortodoxas que lo hacían arriesgar peleas consabidas de fáciles. Llorando, nuestro héroe estaba llorando, grogui grogui cuando recibió un Beso, mi querido, sea feliz, intente. El remate lo dejó relamiendo la lona. Tableta de dulce de leche ni por casualidad fue recordado al día siguiente en la sección de deporte de la Gaceta. La derrota, su derrota, habían decretado por decreto los aficionados, no merecía ser contada hasta que Tableta de dulce de leche logre explicar los motivos por los que la pelea fue tan humillante. Por supuesto que para el derrotado, es decir, para Tabletita de dulce de leche, no hubo humillación alguna, la pelea fue limpia repetía mientras se preparaba para la revancha.