sábado, 21 de noviembre de 2009

La biografía del eximio mártir

Es de esperar que al evocar una pagina y el recurrido aleatorio del hueco formando el arbitrio de una biografía igualmente insospechada, ahí donde se podía leer(ya no se lee más)el derrotero amoroso y porqué no, y porque no, “dotado de un exquisito y siempre insatisfecho anhelo por lo estético, se rindió sin demasiado esfuerzo a los (hueco de la pagina 102)caprichosos y periódicos de sus amantes pero sus fervores pasaban menos como simples exploraciones metafísicas que de un homosexual rebelándose a lo que negaba su propia sexualidad. Sus escritos de entonces no carecían de esa...”, y ahí el enigma accidental de un descuidado lector nos devolvía a nosotros, religiosos permanentes, onanistas literarios orgullosos, un significado inconfeso de la biografía-reímos mucho cada vez que podemos al reconocernos como los únicos capaces de descifrarlo-y el hueco descubre de la pagina 104 el novedoso orden de la pagina 102: largos y gruesos como espátula al revés. Nos tropezábamos, caíamos como insectos envenenados al suelo después de razonar el hueco de la 102, y con la fruición que nos caracteriza, entre otras cosas, lentamente avanzábamos en ese orden hipnótico al hueco de la 103 o el enigma traído de la 104 que completaba la fórmula siguiente: “El lenguaje es una encrucijada, un dilema material que supone con frecuencia la manifestación del ser hombre. Luego de está definición que le abrió las puertas de la academia y le valió el reconocimiento de su público, se quedó por completo(hueco)producto de la fama repentina que lo condenó paradójicamente como un puto cocainómano”,y el hueco, lascivo e incongruente(consistente en con la bragueta vacía tan propia para la década del ochenta que nada parecía haber modificado el relato original. Pero nosotros los que nos manchamos las manos eyaculando sobre sus hojas amorfas, sabemos bien que esa biografía de fracasada publicación nos reveló el misterioso hueco que creíamos inexistente, a pesar de no saber todavía para qué carajo está, en las ceremonias que celebramos en su honor(del eximio mártir, por supuesto)sólo el que se mancha la mano puede hablar o conjeturar la precaria interrupción.