viernes, 10 de julio de 2009

Mal visto( y el chiflete huidizo)

Bien dicho: sos un inconsciente, cuando éstos hablan de mi y de mi acuciosa obstinación. Lo que ocurre es que no entienden el sistema, tampoco hago mucho por advertirles, es mío y en todo caso: no es mío. Pero lo mejor del asunto, es que lo creen mejor que yo. Lechugón, arrecho o cuanto adjetivo se materialice en alguna reunión, siempre es necesario dejar a mano migajas para no perderse, escamotear el asunto es parte de la fe. Sublime y porosa, anticuada y repetitiva; va a reiterarse incesantemente hasta que la acepten, sin embargo no va a acabar. Como un hueco en la pared que chifla un ventilete de la puta madre(sublimé). Las putas también chiflan, y aunque los amigos se retuerzan de envidia por mi devoción fortuita y fugaz por Luciana, la de caderas anchas que me la chupaba como si fuera un caramelo de miel, el ventilete me regocija de puta madre. El amigo, bien: caramelo de miel de hule. Nada como esperar con la puerta entreabierta, y claro está, con algo de sencillo en el bolsillo y en los labios. Una concha es una concha, mejor saberlo de este modo: la fuente para arrojar el sencillo y pedir deseos, tres o ninguno, da igual, siempre la fuente. El amigo, bien, dicho de otro modo, la verga( es un decir); de un modo o de otro, el dicho de El amigo es siempre el mismo, y si no lo escucho vayan sabiendo que se va a hacer escuchar, no entiende de resignación, es sólo un decir. Los amigos tienen que creer en mi derroche como se cree en la ineficacia de los forros y los barbijos, en eso radica la ciencia, por el camino inverso. Los barbijos y los forros tan solemnes, cumplen lo que los amigos vienen a esta vida: su eficiencia es ser ineficientes, todo lo demás esta mal dicho. Mal dicho, o intento de decirlo. También mal visto. Porque fijense cómo me pongo cuando veo a esa morocha del cara-libro, se derraman los más deshonestos pensamientos en el suelo; ella es nadie por lo que es del que la diga mejor; camina como Helena desnuda augurando los peores males y las más desdichadas batallas. De las tetas ni hablar, el que escamotea, el asunto-y el hablar-mis amigos, no soy yo, sino El amigo. Bien. Estamos a salvo, gracias al desdichado perseguidor de chifletes. Voy contando el sencillo, la puerta está entreabierta mientras cuento, ya estoy en la mitad de la sorpresa y la mano de El amigo me toca el hombro y me apura, están renovadas las ganas que se saciaron ayer de mala gana. ¿Salimos a buscarla?, pregunta el mal visto. Mal visto: principio de toda cura, demandada simulada: inutilidad breve y descarada. Mal visto, mal dicho.

Para los amigos y para el chiflete de este invierno.