martes, 14 de julio de 2009

El arte perdido y devuelto de encontrarle la quinta pata al gato

Le rendíamos culto viendo quién la hacía llegar más lejos; el que se manchaba la mano era el que hablaba primero. Onanismo literario empedernido y altruista. En el estudio de un eximio mártir, su biógrafo, encontró el hueco del escándalo. En el estudio de un eximio mártir, en la gaveta de su escritorio predilecto, su biógrafo, encontró el hueco del escándalo. En la pagina 103 punto seguido se alcanzaba a sospechar la travesía descuidada de un forastero o el arrebato turbado-como estábamos nosotros para entonces. Para entonces, mi querido eximio y mártir, dónde entrábamos nosotros en la justificación de ese hueco enigmático de la pagina 103 o de la 102 (llegado el caso, se hallaron dos huecos, uno de cada lado, según del lado que se lo mire). Reírse del accidente era como meter el dedo, un deleite insignificante y vanamente alentador. En la pagina 102 punto seguido se podía interrumpir la lectura regular para avanzar a un relleno inesperado- proveniente de la pagina 104 -y deliberadamente (o de la 101 si leíamos desde la pagina 103)incluso, atropellar un paréntesis inconfeso de la vida de nuestro mártir y eximio*: el azar le devolvía al arte lo que a nadie le pertenecía. Pero nos reíamos desconsoladamente, casi con dolor de panza y al borde de algo que ninguno pudo describir. Sólo podía hablar el que se manchó la mano, pero esa, esa era otra historia. Alguien dijo sabiamente- ocre o que dijo, ya no sé si sabiamente o si dijo, pero era seguro alguien, en fin-que entre la literatura y las eyaculaciones siempre hay un hueco que no se sabe para qué carajo está.

*. A su debido tiempo, se contará sobre las tribulaciones que engendraron diferentes versiones de la biografìa original de nuestro eximio mártir. Tómese nota:es posible también que no digamos ni una sola palabra del asunto.