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Una noche(13-08-06/11)

Yo te llevo a la montaña A ese músculo de agua y mineral que asombra al tímpano Por una noche de felicidad Soy yo llevando, prefabricado en la oquedad A un borrador añado vocablos distinguidos Asiduos persuadidos a experimentarse en lugares poco apropiados Porque la montaña es una fuente ferviente corregida de tiempo Yo te llevo como a una segunda herida hecha por un cardo bajo el crepúsculo Confundida por el brotar del corazón del corazón de un hombre inventado De escasa realidad Irrumpo con la herida fresca ofreciendo don y sacrilegio en las manos Con esa herida abierta te llevo a la montaña A ese músculo de agua y mineral Por una noche de felicidad
Envidio tus flores, tan parecidas a las que florecían en mi jardín; por puro depresivo nomás. Hoy me suicidio juiciosamente, sobriamente. Soberanamente-es parte de la terapia al Mundo funcionando antes de mi-la ecuación a través, a- traviesa (atraviesa) las aguas turbulentas de un azar entrañable. Para los adeptos a las teorías del Yo, y los que completan el Sudoku con ayuda de la solución, os digo: FARMACOPEA ………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………….. ………………… ……………………………………………………….. Es fácil contarlo todo cuando uno no estuvo ahí. Pero yo resolví (auto-convencí) a contarlo como si yo mismo fuera ese niño que desarma un reloj para saber qué es el tiempo. Así y todo, la ingenuidad- escupida terapéutica directa al grano/zona que no distingue ni pitos ni conchas-y la rivalidad son cuestiones de lugar. Eso rozaba un versículo inédito y apócrifo (salvando la contradicción que alberga, nadie nunca dudó en atribuírselo al embele...

Once upon a time

Habíamos deducido el barro en la tarde, en el parque y el banco que escogimos para sentarnos. Los nísperos que llevé los comimos rápidamente. No hubo viento que afloje las palabras aferradas a los árboles que también eran de barro. Yo había comenzado a silbar como me enseñaron los muchachos. ¿Recordás? fue cuando te tragaste mi silbido con un beso.

El haiku de Goddard

“El arte nos atrae solamente cuando revela en nosotros secretos.” J.L.Goddard Primer movimiento. Ocurre que a veces se oía tras de si: -Usted, señorita Melanie, diganós… Esta noche no vendrá. Todos lo sabemos: en inca-la-perra se fabrican muebles en su honor. Lo de Goddard es el Haiku. Punto y coma. Besar a escondidas y agitarlo simultáneamente. Flor loca de amor. En el fondo es tristeza, o triste, o tigre, o tres, pero cada año hay una excepción. Podemos cambiar los sentimientos con permiso de las ideas. Pero el problema de las mujeres, y de la plata juega una partida de Metegol. La verdad, la verdad, estoy seguro. Por otra parte me asquea la psicosis del amor, los imprescindibles absolutos. ¡Ah, cómo despertarla de su olvido imprescindible! Por un momento creí que tenía un quedecir, así que solo te escribo, amor de mis días. Hola, ola poderosa que se ve, que se percibe a la legua. Una posibilidad s...

Cuerpos eran los de antes

Con una vocación inexistente, pero oficial la punta del cuchillo que una vez la desarmó. El sentimiento es indefinible, igual a la fórmula: ¡EL MIEDO, MAMA MÍA! Y cuando se solapa la culpa, sobre todo con algo de música para niños buenos, el sofisma recobra un retoño del hogar. El hecho es incomparablemente exquisito, como lo atestiguan los fragmentos arrastrados por la helada punta ardorosa del cuchillo. El hecho tampoco amerita locutores ni interlocutores aunque constaten su acreditación nacional. Un día fuimos embestidos por la absoluta noción de una venganza: ¡EL MIEDO, MAMITA MÍA! Los relojes se detuvieron para recuperarse del descanso. Nos sentimos, y hablamos duramente de la decoración de nuestro hogar. Yo corregía los jarrones, puertas y ventanas que ella escondía o cerraba. Hacerse el vivo no es igual a vivo hacer, sea lo que sea que siga a continuación. Sin embargo, yo quiero ser escritor, le dije, y ella sonrió. Sonrió como si estuviera tartamudeando-era una sonrisa ...

Un volcán

El sol tintineaba en el aire. El sol babeaba en el cerebro de todos con sus tentáculos afilados. El sol era una piedra. El sol era miles de piedras en su volcánica piel canela. Y todo no terminó tan mal. No, no tan mal. Notan mal. En rigor, iban floreciendo las intenciones a medida que el sol con sus inten-tacúlos provocaba una imagen en todos. Ella cruzó la avenida atravesando anillos concéntricos repletos de labia almibarada. Ella vulcanizó su piel viviente y llamativa pronta, prontísima a la mía. Canela, ella con sus corpúsculos y grumos de lava hirvientes empalizando el pedestal llamado cuello. El sol era un volcán esa mañana, no tan mal, libre de todo sufrimiento. Un mar ruidoso, de irreprimible lozanía erupcionaba de esa piel canela. La respiración de la luz que imita el aire crujiente del sol. Yo vi, yo escuché el sonido del sol estallando en los poros de la piel. El mar mediterráneo rompecabezas de sus labios hedía, sí, hedía a saliva a lava a manía y a rechazo. Mi cuerpo ya ha...

Leche

El abuelo secaba las balas del .32 en la ventana del jardín. Y ahora puedo contarlo, no como un logro, pero contarlo. Hubiera querido sacarle más provecho al abuelo. Yo también quería mis balas así que le hice caso al Loco Emilio. Mis balas con pólvora de la buena serían fabricadas por mi, y se las regalaría al abuelo para que las pusiese junto a las de él. Era claro que el Loco Emilio se las traía. Los changos se burlaban de él por su infatigable amor por la paja, pero paraban bien las orejitas cuando el Loco les decía que no había mejor paja que la que uno, embriagado por la necesidad de hundir el choto cual agujero se presentara; uno, en ese estado bien podía agarrar un bife, tajearle un orificio acorde a la necesidad de roce que uno ande teniendo, y listo: a gozar. Los padres desconocen a los locos como el Loco Emilio, por eso nosotros poníamos en práctica clandestinamente sus conocimientos, no vaya ser que alguien abra la puerta del baño y haga preguntas de autoría. Yo le creí al ...