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Antojos de sol

Era un época de miseria. Que por otra parte no es otra que ésta misma: el sol se hace esperar; aunque todo acabe. Siniestro. Compositor de la espera en algún sitio siniestro (acaso alguien pensó que adolecía de la adolescencia clásica de la falta de aprobación). Puso sé, los antojos de sol y salió a la calle, que no es otra cosa que una interminable expansión de su lengua. Áspera y gris, se endurecía. La miseria a cada paso vestidita de posibilidades, de humanas circunstancias capaces de acabar en el bolsillo-siniestro-de nuestra época de miseria. Ésta. Por otra parte, no es, otra, que esta, misma. Efectivamente, el sol no surge como surge afilado entre las hojas de un bosque solitario, colmado de sombras húmedas. Primera decepción: la humedad es sola como las mujeres; eventos humanos. Áspera y gris, la lengua re-cruda rodaba por una de las calles: ansiaba ser extinguida, pero se oyó decir palabras semejantes a puertas vaivén, apoderándose de su concertación. Las puertas ale...

La mujer del Pero grullo (nota para el fin de semana pasado)

La he encontrado medio torcida, medio lucida. A mi mujer, La mujer del Pero Grullo, llevaba el hilo de la razón intacta. Su marido, yo, la desvergüenza esta noche, y todas las que pueda, hete aquí. Esposa del caníbal este, va a la playa a depositar el ungüento medicinal para la piel seca. Regresa hecha una sedita mitófoga a la moda, parsimoniosa aleteando lívidamente la noche sin encendedor. Solución: encender una palabra tras otra. Decía, esto ya no me seduce, aunque me de con mis gustitos, prefiero pensar que soy yo el de la razón intacta, no mi mujer, La mujer del Pero Grullo. A decir verdad, los años trascurren insensatos, amortizados por la complicidad de las amistades, y de los trozos de piel abandonados en el estacionamiento (playa como le dicen). Por alguna razón (seguramente torcida pero no menos elegante) mis libros siempre se abren en la misma página. Dicho sea de paso: doble o nada; podría sospecharse que mis libros son libros de una sola página. Y los versos, quizá, mirand...

Altón piruobrero

Mejor sería dejarla ir. Dejar la. Ir por el congestionado aliento. Todo sería mejor. Si la dejo ir cómo cortamos por lo sano. Al fin y al cabo, vagar de prisión en prisión es cosa de locos. Todo sería mejor en una ciudad ordenada. Pensé en cortarle parte de sus ligamentosas piernitas harapientas. Sin duda para algo se inventaron. Los locos como yo. Mejor sería dejarla ir. Dejarla ir. Es que la amo tanto cuando tintinean sus aguachentos lagrimones. El recuadro destinado a ser una ventana fue una ojiva bermeja y orgullosa. Parecida en su capacidad siniestra de ser otra cosa que ella misma. Los argumentos son disímiles. Mi antepasado gritando cosas de mí desde el recuadro destinado: “ Tenía un pene digital, falangíneo...” ortopédico, y a otra cosa mariposa. Mejor sería dejarla ir como quien no quiere la cosa, y a otra pierna: ortopédica. Mariposa. Pero de nada servía enseñarle tigres y movimientos de jaque mate a la pobre. La ignorancia fue creación de mi padre. El muy hijo e´puta. ...

Trabajo práctico

Ninguno se atrevió a decir de cuál de los Karamasov se trataba. Lo suponemos. La suposición: la nuestra; era alarmante. Anticipado siempre con su típico campanazo, llegaba el muy piyo. Su posición : la de siempre, por favor, la silla roja de la derecha. Hecha siempre como en todo lupanar, de paja, de mucha paja, y de algo que aún nos cuesta dilucidar. Pero el tipo, suponemos febrilmente, el tipo con sus ademanes adulterados por el alcohol y la cal con que hizo mezcla para revoque; no dejaba nunca de agradecerle. El piyo, a esa altura del partido le chupaba la concha a la Laurita, previo gatillado de los $120 mangos previstos en los incisos pertinentes. Eso le reportaban unos minutos adicionales con su diva rota. Importaba poco si la concha de la Laurita bien podía... En fin, el piyo le hablaba de amor, de fugarse vaya a saber de qué fantasma con la boca llena de estertores que emigraban de esa concha excepcional. La Laurita, bien entendida en estos asuntos del corazón hinchado, le pro...

La música y su nacimiento

En definitiva: nada.  Absolutamente nada, y podría ser menos.  El último párrafo que bien podría reivindicarlo como mío (ya que nadie lo reclamó) habla de lo mismo. De nada. Por jactancia o por gusto la nada y sus aventuras-y desventuras. La pieza sigue siendo un terrible asesino, ni las hermosas mañanas, ni el desocupación logran ahuyentarlo. Despierta con ganas siempre de matar. La nada lo seduce pero sólo por cuestiones estéticas, ya que la nada precisa divertirse con lugares comunes como en las novelas del colombiano ese. Quiero decir que no pienso hablar de la receta que es secreta y que todos conocen; me cago en lo que tenga que decir si es que hay algo que valga la pena: para eso están los panfletos. Vale la pena aclarar por si acaso surge en el siguiente párrafo la gorda puta que me la chupa cuando se le antoja. Anoche llegó reclamando su 14 de febrero vestidita con encajes y perfumada con una fragancia indescriptible similar al sudor de una virgen. Fue mía mien...

Errante seguro

Atrás quedaban las constantes demandas de besos, de ahora en más, arrancarle los ojos para ver qué de extraordinario se escondía en ella, persistiendo. Naturalmente, la ingeniosa prosperidad de la novedad se funda en que una desconocida es la suma de todas las conocidas; salvo-y esta excepción pertenece a una consideración meramente temporal-la que llega a destiempo. Tarde, esta memorable excepción, hace sucumbir la matemática amorosa sobre la sorpresa. Atravesar a pie un bosque oscuro en busca de restos para explicarlo todo forma parte de esta índole. La belleza avanza en este desorden. La mujer amada, retaceada debidamente detrás de sus ojos-también en el tabique del tiempo-constituye el andar errático del amante más bien perdido en un posible hallazgo. Evocar una hazaña, una pregunta sobre el despertar de un enigma, avienta por los aires la necesidad que aspira por ver detrás, por quitarle los ojos que no son ojos, más bien, lo son en la medida de intuir la expresión desvencijada de...

Educación sentimental

A río revuelto ganancia de pescadores . -Al final se terminaron los cucarachas, rachas. -Ni pensar que tenga que ver con la máquina de picar carne apergaminada psicoanálisis, sis. -¡Por mil Kafkas retorciéndose en los gusanos de la noche, che! -Seguro que tu madre es repostera, era. -Y tu padre, funebrero y orador del Kamasutra, y campeón, peón. -A mi me gusta eso que el público aplaude llamándolo ombligo, higo. -Mucho menos que antes te quiero. Dedo índice seña lala imperiosa retintineando: -Eco, eco, falta el eco. -La culpa es de Cicerón, historiador de lo vencedores, ores. -Venga a nosotros tu eco, eco. -Eres el poeto sin eco, ni la Pizarnik te salva, va. -¡Me cago en los rulemanes de Cristóbal Colón, lón! -Poeto sin eco ¿por qué gusta te tanto la vidurria, cabezón, són? -Ahora comprendo, voy a adolerme al son del dolor estipulado, hado. El poeto resuelto en llamas del viva la pepa. -Ahora me miro al espejo, las habas del misterio so...